viernes, 31 de octubre de 2014

¿COMO FELICITAR A UN NOBEL?



Un académico, un investigador, un colega de Jean Tirole, el reciente premio pseudo Nobel de economía, lo felicita y le dice algunas cosas que merecen ser conocidas... ¡y de paso le da una lección de economía!
SimonThorpe

Simon Thorpe, autor de la carta abierta


Carta abierta a mi colega Jean Tirole, reciente ganador del Premio Nobel de Economía

Simon Thorpe
Traducido por Manuel Talens (Tlaxcala)
Querido Jean, 

En primer lugar, permíteme felicitarte por tu premio Nobel de Economía. Todos estamos muy orgullosos en Francia, y en particular en Toulouse, de que hayas recibido este prestigioso honor.

Como colega y director de otro laboratorio de Toulouse (el Centro de Investigación del Cerebro y la Cognición [CerCo]) ya nos hemos encontrado en varias ocasiones y me alegraría mucho poder hacerlo de nuevo en un futuro próximo. Sé que eres una persona muy agradable, muy afable y, sin la menor duda, una de las mentes más brillantes de Francia.
Acabo de escucharte en el programa matutino de economía de los sábados en France Inter “On n’arrête pas l’eco” [(No hay quien pare la eco(nomía)]. Te han preguntado cuáles serían tus cuatro prioridades principales para ayudar al gobierno francés a superar la actual crisis de la deuda y para poner en marcha de nuevo la economía francesa. Tus recomendaciones han sido: (1) reformar el “mercado de trabajo” mediante regulaciones (lo que presumiblemente significa facilitar la contratación y el despido de trabajadores); (2) reformar los sistemas de pensiones (aumentando la vida laboral para cubrir los costes del sistema) y (3) simplificar y reducir el papel del Estado mediante reformas. (Te habían pedido cuatro proposiciones, pero sólo diste tres).
Lo siento, Jean, pero por mucho que yo respete tu contribución a la teoría económica, no veo nada nuevo en tu respuesta. Es la misma historia neoliberal que escuchamos a diario: eliminemos las restricciones sobre el empleo, obliguemos a la gente a trabajar más tiempo y reduzcamos el papel del sector público… y todo saldrá bien. Si te creyese me parecería posible resolver la crisis de la deuda combinando austeridad y liberalización. Pero siento decirte que no te creo. ¿Cómo puede ser que una de las mentes económicas más brillantes nos venga con esto, que no es sino pura ortodoxia al 100%?
¿Qué tal si probamos algo realmente innovador? ¿Estás seguro de que hemos agotado todas las opciones?
Me encantaría que me dijeses qué opinas de la siguiente propuesta: 

Hace tiempo que pienso que los bancos centrales como el BCE podrían introducir un pequeño impuesto de tarifa plana a todas las transacciones financieras electrónicas que se hagan en su moneda, dondequiera que tengan lugar en el mundo. Cualquier persona en cualquier parte del planeta que quisiese hacer transacciones en euros estaría legalmente obligada a pagar dicho impuesto. Yo lo pagaría cuando mi sueldo del CNRS llegase a mi cuenta. Tú lo pagarías cuando recibieses tu premio Nobel (si te lo pagan en euros). Me gustaría pagarlo cuando abono mi factura de la luz o cuando utilizo una tarjeta de crédito; de hecho, se pagaría cada vez que yo o cualquier otro utilizase el sistema de dinero del euro.

Si decido utilizar libras esterlinas, me gustaría pagarle al Banco de Inglaterra a la velocidad especificada por el Banco de Inglaterra. Si utilizo francos suizos, le pagaría una pequeña cuota al Banco Central Suizo, etc.
Todos pagarían. Ciudadanos como tú y como yo. Pero también las empresas. Y, por supuesto, los mercados financieros también pagarían la tarifa de las transacciones que hacen con nuestro dinero en millones (¿miles de millones?) de operaciones diarias.
El tipo de tarifa del que hablo podría ser muy bajo, literalmente una fracción del 1%, tal vez una centésima parte de las comisiones por transacciones que las compañías de tarjetas de crédito como Visa, MasterCard y American Express cobran cada vez que tú y yo utilizamos sus servicios. Acuérdate de que, aunque puedas pensar que te cuesta lo mismo pagar con tarjeta de crédito que en efectivo, los comerciantes a menudo se han visto obligados a pagar entre el 2% y 4%. Y, obviamente, todos terminamos pagando más por esos cargos, tanto si utilizamos la tarjeta de crédito como si pagamos en efectivo.
Y no olvidemos que, además de la cuota del 4% al comerciante, la mayoría de las tarjetas de crédito cobran también un 2,5% o un 2,99% de sobrecargo “internacional” cuando se utilizan en el extranjero. Ese cargo se obtiene simplemente multiplicando el importe en la moneda local por tipo de cambio actual. De esta manera, cada vez que tú o yo vamos a comer en un restaurante en Londres terminamos pagando hasta un 7% al sistema bancario en “impuestos sobre las transacciones financieras”. Yo estoy proponiendo algo que podría ser inferior al 0,1%, una cantidad casi insignificante en comparación con los tipos de honorarios que el sistema bancario nos impone a cada uno de nosotros.
La única diferencia es que, en vez de que el impuesto sobre las transacciones se destine a pagar primas a la gente del sector financiero, podría utilizarse para financiar otros proyectos más útiles.
Con un mínimo de 10.000 billones de dólares en transacciones globales cada año, un impuesto de sólo el 0,1% generaría lógicamente 10 billones de dólares en ingresos. Tal como señalé hace un par de semanas, el valor correcto de las transacciones es sin duda muy superior a 10.000 billones, debido a que grandes inversores como Options Clearing Corporation (¿12.000-16.000 billones?), el Chicago Mercantile Exchange (que negocia más o menos 1.000 millones al año) y LCH ClearNet Ltd ni siquiera aparecen en las cifras “oficiales” actuales del Banco de Pagos Internacionales (BIS).
Así que supongamos muy por lo bajo que el impuesto podría recaudar por lo menos 10 billones a escala mundial. ¿Qué se puede hacer con eso? 

Mi propuesta favorita es que el dinero debe entregarse directamente a los ciudadanos en forma de renta básica universal. Cada banco central podría simplemente crear una cuenta para cada uno de los ciudadanos que viven en su región y sólo tendría que ingresar una cierta cantidad a la cuenta cada mes, dependiendo del total que se haya recaudado. No habría condiciones: a la gente se le pagaría tanto si estuviese trabajando como si no, empleado o jubilado.

Ten en cuenta que no estoy proponiendo que el Banco Central ofrezca ningún tipo de servicios bancarios reales, ya que lo único que cualquier ciudadano podría hacer con el dinero ingresado en su cuenta sería sacarlo para hacer uso de él. De hecho, estaría obligado a sacarlo para poder gastarlo. El Banco Central tampoco estaría en el negocio de los préstamos y nadie tendría nunca números rojos en su cuenta: sería sencillamente imposible. De paso, nótese que esta cuenta sería un refugio absolutamente garantizado para dejar el dinero, lo cual eliminaría cualquier necesidad de garantías gubernamentales sobre los depósitos bancarios. La cuenta no ganaría ningún interés (para eso sería necesario transferir el dinero a un banco comercial) y proporcionaría a todos un sitio libre de riesgo para guardar sus ahorros si quisieran. Dado que por definición un Banco Central no puede quebrar, quienes decidiesen transferir sus ahorros a una cuenta bancaria con intereses en los bancos comerciales se verían obligados a reconocer que estarían tomando un riesgo.
Vamos a suponer que la contribución en euros al comercio mundial es del 20% (se trata sólo de una conjetura, ya que las cifras reales son desconocidas, aunque las transacciones en sólo cinco de los países de la eurozona superaron en 2013 los 2.000 billones (es decir, un 2 con quince ceros a la derecha). Me imagino que el BCE podría recaudar razonablemente cerca de 2.000.000.000.000 euros al año mediante la imposición de una tasa extremadamente modesta del 0,1% sobre las transacciones en euros. Con una población total en la eurozona de 330 millones de habitantes, eso significaría pagos directos de alrededor de 6.000 euros anuales a cada hombre, mujer y niño, lo que significa 24.000 euros al año para una familia de cuatro. No está mal...
¿Qué? Me parece escucharte: “¡No se puede dar dinero a la gente por no hacer nada! Eso sería injusto. ¿Por qué se molestarían en ir a trabajar?” 

Bueno, por un montón de razones. Hay mucha gente en nuestras sociedades actuales que recibe millones en herencia a cambio de no hacer nada, lo cual no parece molestar a los neoliberales, esos que afirman que sólo quienes trabajan duro deben recibir dinero a cambio.

Por otra parte, los 24.000 euros que una familia de cuatro podría recibir al año apenas les bastarían para sobrevivir modestamente en una parte de la eurozona que no sea demasiado cara. Les permitirían disfrutar de un estilo de vida mínimamente digno y sin lujos. Y eliminarían la pobreza de un plumazo. 

También eliminarían la necesidad de fondos para ayudas estatales a la vivienda, el transporte, etc. En la actualidad, esas prestaciones suelen atribuirse a quienes están en paro, lo cual hace que sean los menos interesados en trabajar. Y cuesta literalmente una fortuna costear a una tropa de funcionarios para que verifiquen que quienes reciben las prestaciones están buscando activamente trabajo. Todo ese derroche de recursos podría terminarse de inmediato.

Hace años que los defensores de una renta básica universal han documentado todos estos argumentos a la perfección.
Pero hay un par de argumentos a favor de un plan como este que no he escuchado y que deberían convencer incluso a los admiradores más ardientes (¿como usted?) de la libertad de mercado.
En primer lugar, veamos lo que sucedería si una familia de cuatro miembros tuviese unos ingresos garantizados de 24.000 euros al año. ¿Cuánto dinero tendrían que pagarle al jefe de familia para que él (o ella) quisieran trabajar? Tendría que ser lo suficiente como para que le valiese la pena. No necesitaría trabajar para comer, pero quizá estuviese dispuesto a trabajar un poco para aumentar esos 24.000 hasta (digamos) 30.000 euros al año. En otras palabras, 6.000 euros podrían motivarlo. Y, sin embargo, 6.000 euros anuales representan sólo 500 euros al mes, una miseria en comparación con el costo total de la vivienda y la alimentación de una familia de cuatro.
Parece obvio que el establecimiento de una renta básica universal permitiría que las empresas pudiesen reducir considerablemente los salarios. Dicha renta podría incluso funcionar como un subsidio indirecto a las empresas, ya que éstas podrían ofrecer un salario atractivo muy inferior al que se necesita en la actualidad. Hoy en día están obligadas a pagar salarios suficientes para sostener a una familia de cuatro. No pueden pagar más a un trabajador que tiene a su cargo una familia que a un soltero de 21 años que vive con sus padres. [1] El resultado es que los gobiernos se ven obligados a concederles un sinfín de subvenciones y exenciones fiscales para que el sistema favorezca a las familias.
En fechas recientes el gobierno francés decidió dar algo así como 40 mil millones de euros en recortes de impuestos y subsidios a la industria, el llamado “pacto de responsabilidad”. Se supone que la industria debe corresponderle contratando más trabajadores. Pero nada la obliga a hacerlo y mucha gente en Francia está indignada por eso.
Del mismo modo, el gobierno francés reparte anualmente miles de millones en “créditos de impuestos para la investigación” y, de nuevo, lo hace prácticamente sin controles de ninguna clase. ¿Por qué no seguir impulsando igualmente a la industria, pero haciendo que sea más barato, por ejemplo, contratar trabajadores a través de una renta básica universal?
Bajo el sistema actual nuestros gobiernos inyectan miles de millones en el sistema de la seguridad social y las prestaciones sociales. Pero ese gasto no hace absolutamente nada para favorecer la productividad de la industria francesa, simplemente evita que los desempleados se mueran de hambre. Si nuestros gobiernos proporcionasen el mismo dinero bajo la forma de una renta básica universal, Renault podría producir coches más baratos en Francia de lo que cuestan en otros sitios. Eso sí que sería una buena noticia.
Una renta básica universal abarataría el empleo, reduciría costes y volvería la industria más competitiva. Lo mismo ocurriría si el Estado proporcionase transporte público gratuito, de manera que los trabajadores pudiesen desplazarse de forma más barata al trabajo, lo que reduciría los costes salariales sin que empeorase el nivel de vida de los trabajadores. Dicho lo cual, el uso de una renta básica universal financiada por un impuesto microscópico a las transacciones financieras sería mucho más simple.
Pero tiene una segunda y enorme ventaja, que probablemente atraerá incluso a los grupos de la derecha más extrema, obsesionados como están por frenar la inmigración ilegal. En el Reino Unido, el número de empleos en la economía ha ido en aumento y, sin embargo, los ingresos reales de los trabajadores se han ido reduciendo con respecto a la inflación. ¿Qué está pasando? Una explicación es que, con la inmigración ilegal a gran escala en el Reino Unido, los trabajadores legales pueden verse fácilmente desplazados por algún inmigrante ilegal que esté dispuesto a trabajar por casi nada y con poca o ninguna seguridad laboral. El número cada vez mayor de ciudadanos que están dispuestos a votar al UKIP (en el Reino Unido) o al Frente Nacional (en Francia) es un claro indicio de que esta situación se está convirtiendo en un problema serio.
Consideremos lo que ocurriría si una familia de cuatro miembros recibiese 24.000 euros al año de renta básica universal directamente del BCE (o del Banco de Inglaterra en el caso del Reino Unido). Esa cantidad sería ni más ni menos que su parte proporcional del dinero recaudado por el banco mediante el impuesto a las transacciones financieras en euros en todo el mundo. El jefe de esa familia podría, de hecho, estar dispuesto a trabajar para ganar 500 euros extra al mes con el fin de incrementar a 30.000 euros los ingresos anuales de la familia.
Pero un inmigrante ilegal, sin ningún ingreso universal, tendría que trabajar por menos de 500 euros al mes para llegar quitarle el empleo al trabajador local. Eso no sería factible, porque el inmigrante ilegal no podría permitirse el lujo de vivir con 500 euros al mes, mientras que la familia de cuatro miembros sí podría vivir decentemente con 24.000 euros anuales más 6.000.
Espero, Jean, que puedas ver con claridad que la idea de dar a todos los ciudadanos legales un ingreso universal no sólo significaría un gran impulso para la industria, sino que imposibilitaría de un plumazo que los trabajadores locales perdiesen su empleo en beneficio de inmigrantes ilegales clandestinos. Por supuesto, el país aún tendría la opción de ofrecer el estatus de residente a los refugiados verdaderos, lo cual permitiría que también ellos se beneficiasen de la renta básica universal. Pero los cientos de inmigrantes ilegales que se esconden en los camiones que cruzan el Canal de la Mancha para entrar en el Reino Unido con la esperanza de ganar un salario digno serían cosa del pasado. Sin el estatus oficial de residente ya no sería posible sobrevivir razonablemente y eso eliminaría en gran medida la presión de los inmigrantes ilegales.
Esto mismo se aplicaría a los miles de africanos que arriesgan sus vidas en el mar para cruzar al continente europeo con la esperanza de una vida mejor. 

Por supuesto, hay un mejor modo de convencer a todos los trabajadores migrantes desesperados de que se queden en su país. Consistiría en darles una (muy modesta) renta básica universal en sus países de origen. Unos cuantos dólares al mes permitirían que muchos africanos viviesen mucho mejor en su tierra en vez de convertirse en trabajadores clandestinos de otro país, donde no sólo perderían su renta básica universal, sino que se verían obligados a competir con los locales, que sí recibirían la suya local y podrían sobrevivir con mucho menos.

Pero no me malinterpretes. No comparto de ninguna manera las posiciones contra los inmigrantes de los partidos europeos de extrema derecha. Lo que haría la solución que ofrezco es cortarles las alas a sus argumentos. 

Siento mucho, Jean, el haberme extendido tanto. Únicamente he querido bosquejar una de las muchas alternativas que nunca se discuten, ni en los medios de comunicación ni entre los economistas profesionales como tú (y que conste que en las 770 páginas de mi blog hay un montón de otras ideas no convencionales como ésta, te lo digo por si alguna vez tienes tiempo libre para leerlas). ¿No crees que valdría la pena echarles un vistazo a algunas de las alternativas más interesantes a esa austeridad neoliberal que parece ser tu favorita?

Si consigues liberarte en los próximos meses me encantaría hablar contigo sobre algunas de estas ideas. Estoy convencido de que se nos ocurriría algo que podría literalmente cambiar el mundo.
Con mis mejores deseos,
Simon Thorpe
Nota 

[1] A petición del traductor, Simon Thorpe ha elaborado con mayor precisión el contenido de esta frase: “Manuel, imagínate que eres un empresario con dos empleados. Uno de ellos es un soltero de 21 años que vive con sus padres. El otro, de 45 años, tiene esposa y dos hijos a su cargo. ¿Se te permite siquiera decir que vas a pagar más al de 45 años que al de 21 por el mismo trabajo?

Si vives en un lugar similar a mío, la respuesta es no. Sería ilegal que pagases salarios diferentes por el mismo trabajo. De la misma manera, sería ilegal que pagases más a un hombre que a una mujer por el mismo trabajo (¡y con mucha razón!)
Pero supongamos que, además del dinero que les pagas por hacer el trabajo, el trabajador de 45 años con una familia de cuatro personas a su cargo recibe 500€ x 4 = 2.000 euros al mes en concepto de renta básica universal, mientras que el soltero de 21 años sólo recibe 500 euros. ¿Acaso esto no resolvería el problema? Podrías pagarles a ambos una cantidad modesta (digamos 1.000 euros al mes) y todos estarían contentos. Tú pagarías 2.000 euros al mes, el trabajador de 45 años recibiría 3.000 euros al mes y el de 21 recibiría 1.500 al mes.
Bajo el sistema actual, si quieres que el trabajador de 45 años pueda mantener a su familia tienes que pagarle 3.000 euros al mes y al de 21 años 3.000 también. Eso suma 6.000 euros al mes, lo que hace que no puedas competir, por ejemplo, con los costos laborales en China, que sólo son 2.000 euros al mes.
La alternativa es que pagues 1.500 euros al mes a cada uno de tus trabajadores (3.000 en total) y que el contribuyente ponga los 1.500 euros adicionales para completar los ingresos mensuales del jefe de familia. Éste es el sistema que tenemos en muchos países occidentales, un sistema que, por supuesto, molesta a mucha gente (¿por qué tengo que financiar con mis impuestos los costes de vivienda, etc.).
Para mí, una renta básica universal de 500 euros por persona es infinitamente más inteligente.”



Juan Fernando Mellado Galaz
Ex Conscripto 1973
Escuela de Telecomunicaciones
Ingeniero en Administración de Empresas
Asesor Tributario Previsional
Presidente Nacional
Presidente Agrupación Santiago
Agrupación Nacional de Ex Soldados Conscriptos
del Servicio Militar Obligatorio (SMO) período 1973-1990
Email: agrupacion.exconscriptos.chile@gmail.com

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