martes, 26 de agosto de 2014

AMPLIADO NACIONAL (Información copiada de Agrupación Maipú)

SÁBADO, 23 DE AGOSTO DE 2014



INFORMACIÓN COPIADA DE AGRUPACIÓN MAIPÚ

"CITACIÓN AL AMPLIADO NACIONAL"


- Estimados amigos por este medio informamos a todos los Dirigentes de Agrupaciones de Ex Conscriptos del País, que el día 30 de Agosto se realizara un Ampliado a nivel Nacional y esta se realizara en el Colegio General San Martín Ubicado en Avenida 5 de Abril Nº 409 de Maipú. A partir de las 10:00 asta las 18:00 horas, este horario se dividirá en tres etapas.


1). De 10:00 a 13:30 horas entrega de informes de los Dirigentes.

2). 13:30 a 15:00 colación todos saldrán del colegio el almuerzo lo cancela cada Dirigente.

3). 15:00 a 18:00 horas termino de debate y elecciones de los Dirigentes que representaran a los Ex Conscriptos en un Directorio Único Nacional.( Presidente, Secretario, Tesorero, y Directores).


- Este Ampliado tiene Como tabla Principal, Elección de un Directorio Único en la cual solicitamos la presencia de todos los Presidentes de las Agrupaciones que funcionan a lo largo de todo el País.


Como llegar a este Ampliado:

-Tomar metro en Universidad de Santiago legar a Terminal San Pablo para luego realizar Trasbordo Hacia Maipú.

Una vez legando al terminal de Maipú salir Hacia el sur para tomar la Av. 5 de Abril y caminar hacia el Templo Votivo de Maipú y ubicar el Colegio que esta por la vereda Derecha.

- Esperamos que de este Ampliado logremos salir adelante ya que esta lucha es de todos y no de algunos.

- En esta lucha lograremos vencer el miedo, el engaño, las mentiras, la rivalidad, el personalismo y la no transparencia, unidos lograremos presionar y Llegaremos a obtener nuestro logro que por tantos años estamos luchando.


“FUERZA AMIGOS QUE UNIDOS LO LOGRAREMOS"

sábado, 23 de agosto de 2014

QUÉ LE VAMOS A HACER....


El editorial de la última edición de POLITIKA toca un tema muy de actualidad: la resignación de la población ante los desastres que le pudren la vida cotidiana. El miércoles otro desastre vino a amargarle el día a cientos de miles de santiaguinos: una falla (otra más) de los transportes públicos, esta vez (una vez más) en el Metro... ¿Hasta cuando?
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Editorial de POLITIKA del 15 de agosto 2014
Esa es la frase que escuchamos cada vez que nos enfrentamos a un desastre suplementario. Pariente del conocido “Es lo que hay…”.
Símbolo de la resignación, de la impotencia, de nuestra calidad de víctimas, de nuestra condición de objetos sometidos a la voluntad del destino, o más bien a la voluntad de quienes mangonean en los poderes legislativo y ejecutivo.
La calidad de la educación es pésima, su costo es uno de los más caros del mundo… ¡Qué le vamos a hacer!
Nuestro sistema de previsión es una estafa legal y nos condena a una vejez pobre e incierta… ¡Qué le vamos a hacer!
El sistema bancario y los forajidos del crédito abusan de quienes viven colgados de una tarjeta de crédito y de los pequeños empresarios… ¡Qué le vamos a hacer!
Los servicios de salud no son dignos de seres humanos, la migración de los recursos públicos hacia un sistema basado en el lucro es imparable… ¡Qué le vamos a hacer!
Las transnacionales someten al país al pillaje de sus riquezas básicas, particularmente del Cobre… ¡Qué le vamos a hacer!
A 26 años del término de la dictadura vivimos bajo el imperio de una Constitución gestada en plena satrapía y conforme a sus intereses… ¡Qué le vamos a hacer!
El miércoles 13 un incidente técnico en el Metro generó insoportables molestias a las gentes más modestas, esencialmente trabajadores/as que pasan largas horas en los incómodos transportes capitalinos para ir a ganarse la vida.
Estos incidentes no son necesariamente previsibles, aún cuando sería conveniente examinar el comportamiento de los servicios de mantenimiento del Metro, tercerizados como conviene a la moda del lucro en todo.
Sin embargo, en el marco del desastre de un Transantiago que no cesa de degradarse –basta con ver cada día las decenas de vehículos averiados en las calles de Santiago– el incidente cobra visos de calamidad pública.
La televisión entrevista a los pasajeros que esperan haciendo largas filas –¡ hasta cinco cuadras¡ –para subir a un autobús “remedio de contingencia”, y el comentario más oído es siempre el mismo: ¡Qué le vamos a hacer!
La verdad, es como para preguntarse… ¿Qué le vamos a hacer?

Juan Fernando Mellado Galaz
Ex Conscripto 1973
Escuela de Telecomunicaciones
Ingeniero en Administración de Empresas
Asesor Tributario Previsional
Presidente Nacional
Presidente Agrupación Santiago
Agrupación Nacional de Ex Soldados Conscriptos
del Servicio Militar Obligatorio (SMO) período 1973-1990
Email: agrupacion.exconscriptos.chile@gmail.com
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BAJEN LAS ARMAS QUE AQUÍ SÓLO HAY PIBES COMIENDO


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Escribe Aldo Torres Baeza
Esta es la historia de Pocho Lepratti, una historia sencilla, una de las tantas historias que desempolvan el motor del universo. Hace rato tenía ganas de contarla.
Aquí va.
Claudio “Pocho” Lepratti nació en 1966, en Concepción del Uruguay, Argentina. Estudió derecho, pero abandonó la carrera. En 1990 se mudó a uno de los barrios más pobres de Rosario, ahí estaba su vocación: quería dar su vida por los pobres. Religioso por vocación, no por acomodo. Pocho creía en el Jesús que echó a los mercaderes del templo, en ese Jesús que se arrimaba a los pobres y luchaba por la justicia.
También creía lo que cree Galeano: que somos lo que hacemos para cambiar lo que somos. Por eso organizaba a los chicos, por eso fundó un periódico, por eso fue seminarista salesiano por 5 años. Decidió hacer y no padecer la vida.
Cruzaba Rosario montado en su bicicleta. Cuando le aconsejaron cambiarla por una moto, Pocho, incómodo, dijo que no, que lo dejaran así no más, que uno no tiene a las cosas, que las cosas lo tienen a uno. Quizás tenía razón. Se ganaba la vida trabajando como asistente de cocina en los comedores de una escuela de barrio.
Corría el año 2001, plena crisis. Los argentinos, hartos de estar hartos, salían a las calles a protestar. De la Rúa decretaba estado de sitio.
El 19 diciembre, Pocho Lepratti estaba al interior de la escuela en que trabajaba, ayudando en la cocina, sirviendo comida a los niños. Al escuchar el alboroto de las calles, los bombazos y los gritos, salió a la azotea de la escuela, a ver qué sucedía.
Desde arriba, miró el caos, y pensó en los niños. Los policías disparaban hacía el fondo de la escuela. Y entonces, de su voz nació una frase, sólo una frase. Pocho gritó: 
¡Bajen las armas, que aquí sólo hay pibes comiendo!

Pero los policías no bajaron las armas, y una de las balas le apuró la noche. Pocho murió en defensa de “sus niños” (digo “sus niños” y recuerdo a mi madre, y a tantos otros profesores que, cómo mi madre, saben que en los niños está el futuro del mundo, esos niños que encienden los ojos y avivan el alma, esos niños que son “sus niños”).
“Cambiamos ojos por cielo, cambiamos fe por lágrimas”, dice León Gieco, que cantando resucita la memoria de Pocho. También lo recuerdan la calle y la plaza que llevan su nombre.
Pero por sobre todo, a Pocho, al Pocho hormiga, lo recuerdan las paredes, las paredes que hoy gritan el eco de su última frase: “bajen las armas, que aquí sólo hay pibes comiendo”…
Juan Fernando Mellado Galaz
Ex Conscripto 1973
Escuela de Telecomunicaciones
Ingeniero en Administración de Empresas
Asesor Tributario Previsional
Presidente Nacional
Presidente Agrupación Santiago
Agrupación Nacional de Ex Soldados Conscriptos
del Servicio Militar Obligatorio (SMO) período 1973-1990
Email: agrupacion.exconscriptos.chile@gmail.com

VAMOS P´ATRÁS.....


El afiche que le sirve de ilustración a esta parida fue fotografiado en una modesta población este fin de semana. Es la realidad de muchas modestas familias, esas que no tienen voz...
salud
Escribe Luis Casado
¿Te acuerdas de Pedro García? Fue ministro de la Salud de Ricardo Lagos. En el año 2006 le entregó el cargo a Soledad Barría. Cuatro años más tarde, García le declaraba al semanario “Qué pasa” que él había dejado una deuda hospitalaria de 15 mil millones de pesos, y en ese momento estaba en 120 mil millones. Nuestro amigo Armen Kouyoumdjian –una vez más– tenía razón: el Estado de Chile se comportaba (¿se comporta?) como un cliente insolvente, poco confiable, mal pagador.
Era la época del superávit estructural, ¿te acuerdas? Plata había, pero Andrés Velasco la guardaba en el colchón “para la época de vacas flacas”.
Pedro García sólo jura por las concesiones a privados, en eso no se pierde, es un partidario de la “modernidad”. Según García es “una manera de hacer las cosas rápido y bien” (sic). Y a su juicio había urgencia. Para justificarla, agrega“Son una inmoralidad las condiciones en que se atiende a niños y adultos y la condición en que trabajan profesionales del Salvador, Barros Luco o Exequiel González” (resic). No lo digo yo, lo decía el ex ministro de la Salud de Ricardo Lagos. Decididamente, la herencia del primer gobierno de Bachelet no es muy brillante.
Lo que García no dice es que las concesiones suelen ser un botadero de plata pública y una fuente de lucro injustificado para la empresa privada. Conozco el caso del Hospital Público de Évry (CHSF), el más grande hospital de la región parisina. Manuel Valls, que era Alcalde de Évry es el actual Primer Ministro de Francia, esto no es broma.
Cuando el ‘concesionario’ entregó el edificio, su director casi se cayó de la silla: un control somero encontró más de 8 mil fallas, irregularidades, defectos y vicios técnicos. Lo cual provocó más de un año de retraso en su puesta en servicio, pero tuvo que comenzar a pagarle inmediatamente el ‘alquiler” al concesionario.
Ese modesto alquiler, de 40 millones de euros anuales, se prolongará durante 30 años, lo que da la bella suma de mil doscientos millones de euros. Inversión de la empresa concesionaria: € 344 millones. No es mal negocio.
La Contraloría Regional ya lo había denunciado: “Una simulación para un crédito de 344 millones de euros a 30 años da un costo final de € 757 millones, en vez de los 1.200 anunciados”. Si se le hubiese confiado el trabajo a los servicios públicos se hubiesen ahorrado € 500 millones. ¿Suena conocido?
Sin contar con que aún se observan riesgos sanitarios graves y serios conflictos sociales en razón del bendito contrato que le impide intervenir a los poderes públicos sin la previa autorización –y el correspondiente pago– al concesionario. Incluso cuando se quiebra el vidrio de una ventana. El ‘concesionario’ se reserva el derecho de repararlo, pero cobra tres o cuatro veces el precio: no hay lucro pequeño. Problemas en los circuitos de fluidos, habitaciones de psiquiatría no conformes, averías en el circuito de agua caliente, mala instalación de brazos articulados, defectos en la balneoterapia, ausencia de sala de lactancia en pediatría…
El director del hospital dice que recibió un edificio, no un establecimiento de salud. Pero tuvo que comenzar a pagar 40 millones de euros al año por un edificio que ni siquiera podía ocupar.
Para pagar, debió reducir los gastos corrientes: hay servicios sin personal, y por lo tanto esas instalaciones siguen desocupadas. Los sindicatos, que habían alertado sobre el descalabro que venía (como hacen ahora los funcionarios del Salvador en Santiago), tuvieron que entrar en huelga. El ministro de la Salud ordenó una investigación cuyos resultados… son secretos.
Manuel Valls, que en su calidad de Alcalde de Evry era presidente del Consejo de Vigilancia – actualmente es Primer Ministro de Francia– solicitó que se anulara la CPP (‘colaboración-público-privada’). No es de extrañar que todo haya ido a parar a los Tribunales de Justicia.
Cuatro años más tarde –me refiero a la época en la que Pedro García aseguraba“Son una inmoralidad las condiciones en que se atiende a niños y adultos y la condición en que trabajan profesionales del Salvador, Barros Luco o Exequiel González”– la publicación electrónica Primera Piedra –que no podría ser calificada de enemiga de la Concertación– titula en su última edición del 18 de agosto:
I. Especial Salud: todas las encuestas dan como primera prioridad de los chilenos la insuficiencia de las atenciones en salud: mala y tardía atención en Fonasa; poca cobertura y precios incrementales en Isapres. I.1. Ganancias de las Isapres en primer semestre de 2014 son las más altas en nueve años y aumentan en 45% con respecto a 2013.
Algo me dice que una cosa tiene que ver con la otra: mientras más lucro, peores servicios médicos.
Por piedad, y en honor a la brevedad, no me referiré a la GRAN reforma del primer mandato de Bachelet –la de la previsión– visto que con relación a la estafa de las AFPs cada cual sabe a qué atenerse.
Pero todo lo que precede no augura nada bueno para las reformitas en curso: uno tiene la ominosa sensación de que vamos p’atrás

Juan Fernando Mellado Galaz
Ex Conscripto 1973
Escuela de Telecomunicaciones
Ingeniero en Administración de Empresas
Asesor Tributario Previsional
Presidente Nacional
Presidente Agrupación Santiago
Agrupación Nacional de Ex Soldados Conscriptos
del Servicio Militar Obligatorio (SMO) período 1973-1990
Email: agrupacion.exconscriptos.chile@gmail.com

sábado, 16 de agosto de 2014

YO SOY EL DESCUEVE (y es poco decir.....)


El carnaval de auto celebración por la reforma al sistema electoral binominal tiene un gran ausente: el pueblo de Chile.
 Nos las están viendo... ¡una vez más!
bordel
Yo soy el descueve (y es poco decir…)
“Si el acceso al órgano representativo está reservado por la ley a ciertas categorías, hay que cambiar la ley para abolir esa ventaja o acordarla a otras. De entrada la transformación de la regla se encuentra sometida a la aprobación y al consentimiento de los mismos que se han beneficiado de ella, puesto que fueron elegidos en virtud de esa regla. Tal sistema equivale a someter la evicción o la ampliación de una élite dada a su propia aprobación.”
Bernard Manin – Principios del gobierno representativo.
“Si usted hoy dice que (…) se acabó el binominal, ¡se acabó la discusión de la asamblea-constituyente!”
Ricardo Lagos
Escribe Luis Casado
“On n’est jamais mieux servi que par soi même” dice le proverbio francés, lo que en lengua castellana quiere decir algo así como “Nadie te sirve mejor que tú mismo”. Álvaro Elizalde, impagable vocero del gobierno, se auto adjudica loas ditirámbicas con relación a la modificación del sistema electoral binominal: “Si salimos adelante con esta iniciativa vamos a tener democracia de calidad, democracia con mayúscula”.      ¡CHUCHA! ¿De verdad?
Por su parte –a nadie le amarga un dulce– el traga culebras Guillermo Teillier, que oficia de presidente del PC, declara: “Es el mejor proyecto de reforma electoral que se ha elaborado hasta ahora”.
Si con el sistema actual, con menos del 2% del voto popular el PC tiene seis diputados… ¡con el nuevo uno no osa imaginar los resultados! Ambas declaraciones justifican el título de esta parida: lo hago yo, ¿cómo podría ser malo?
La costra política parasitaria se sirve a sí misma una reforma que le va como un guante. ¿Tenemos que aplaudir? De paso aumentan el número de parlamentarios mejor pagados del planeta… ¿Reímos? ¿Lloramos?
Todo gracias a una “cocina” que reúne un amplio espectro de la costra parasitaria: sólo los últimos mohicanos de la UDI rehúsan rayarle la pintura al edificio tan bien construido por Jaime Guzmán y sus secuaces.
Jean-Luc Mélenchon tiene razón: la costra parasitaria no le teme a la izquierda (inexistente por lo demás), sólo le teme al pueblo. Todo lo que contribuya a evitar una Asamblea Constituyente, a impedir que se le restituyan al pueblo de Chile los derechos conculcados desde un cierto 11 de septiembre 1973, es el cemento que cohesiona un Parlamento de pachanga, esa asamblea ilegítima que se reúne –en un edificio mamarracho legado por la dictadura– para saber qué decidieron en casa de Andrés Zaldívar.
¿Tiene sentido entrar en los detalles de la reforma? ¿Vale la pena? 

Lo esencial es que una vez más el pueblo de Chile se queda afuera y se consolida, esta vez con la participación activa de los comunistas, un sistema concebido para hacer del pueblo de Chile un vasallo de lo que decide la élite.
¡Ah!, dirán Elizalde y Teillier, pero esto lo decide un Parlamento (de pachanga) elegido por votación popular. Justamente: no muy popular. La abstención, fenómeno que todos se meten en la pretina, muestra que los “representantes del pueblo” no atraen sino a una conspicua minoría.
¿Y a quién le importa? ¡A mí me importa!
A millones le importa, a esos que evitamos pisar los centros de votación en los que hay que escoger “una oferta entre otras”, como se escoge un papel higiénico entre tres o cuatro marcas, la mayor parte de las cuales proviene del mismo grupo industrial, dicho sea de paso.
Alguien atrajo mi atención sobre el común origen etimológico de las palabras “élite” y “elección”.
La palabra élite viene tal cual del francés “élite”, antiguamente (finales del siglo XII) participio femenino sustantivado del verbo “élire” (elegir). Primero designó el “acto de elegir” y más tarde lo “elegido”, significado que corresponde al uso actual. El verbo francés ‘élire’ viene del latín eligere, prefijado con e-/ex a partir de legere (recoger, leer), que contiene una raíz indoeuropea *leg- (recoger, colectar, también recoger por la palabra): λόγος [logos] palabra - λεκτός [lectós] lo escogido participio de λεγειν [legein = escoger y leer]).
El asunto no es neutro. Contrariamente a la sopa confusa que nos sirven día a día, la elección, de Platón a Rousseau y hasta el siglo XIX, siempre fue considerado el método de designación por excelencia de la oligarquía. Los patriotas americanos que se reunieron en la Convención de Filadelfia (1787) lo tenían claro a tal punto que rechazaron la simple idea que el elegido estuviese sometido a la voluntad de los electores.
Se impuso una forma de dominación que más tarde el economista austriaco Joseph Schumpeter describió con una claridad que encandila: “En esa concepción, los representantes no son los agentes encargados de poner en obra una voluntad popular expresada en las elecciones”.
¡No señor!
En esa concepción, la que predomina hasta hoy en este bello país con vista al mar, la costra parasitaria hace lo que le sale de los cojones.
Y luego te lo presentan como: “…el mejor proyecto de reforma electoral que se ha elaborado hasta ahora”.
¿Ya te conté que Guy de Maupassant –ese genial escritor francés del siglo XIX– tiene un cuento que relata la historia de un burdel? 

El título del cuento: “La casa Tellier”.




Juan Fernando Mellado Galaz
Ex Conscripto 1973
Escuela de Telecomunicaciones
Ingeniero en Administración de Empresas
Asesor Tributario Previsional
Presidente Nacional
Presidente Agrupación Santiago
Agrupación Nacional de Ex Soldados Conscriptos
del Servicio Militar Obligatorio (SMO) período 1973-1990
Email: agrupacion.exconscriptos.chile@gmail.com

jueves, 14 de agosto de 2014

MALAS PALABRAS


El fenómeno del calentamiento global tiene curiosos agravantes. Entre ellos un insospechado aporte de las vacas, que contribuye al efecto invernadero. Carlos Franz lo cuenta en una sabrosa reflexión que propone llamar las cosas por el nombre que tienen... En el país del "popó", del "líerahgo" y el "empo'eramiento", ¡es todo un detalle!
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Malas palabras
escribe Carlos Franz
La forma más divertida de Apocalipsis que conozco es el diluvio de pedos. ¡Qué vulgar!, dirán aquellos que dicen “ventosidades”. Yo digo que es un fin del mundo terriblemente posible.

Las vacas y demás rumiantes de su tipo, al digerir lo que pastan producen mucho metano. Un gas que expulsan mediante abundantes pedos y eructos. El metano es veintiún veces más eficiente que el dióxido de carbono en la producción del efecto invernadero. Naciones Unidas estima que hay 1.500 millones de bovinos en el mundo. Cada vaca pedorrea unos 55 metros cúbicos de metano anualmente. Entonces, si las matemáticas no me fallan, cada año la atmosfera se espesa con unos 82.500 millones de metros cúbicos de pedos de metano. ¡Vacas y toros pedorreando contribuyen más al efecto invernadero que todo el transporte del planeta!
Y el futuro será aún más maloliente. Se teme que la demanda mundial de carne se incremente en dos tercios de aquí a 2050. Para atenderla será necesario agregar gigantescos rebaños a las ya enormes ganaderías que engordan –y se hinchan– en pampas argentinas o llanuras estadounidenses. Eso sin contar con los millones de herbívoros que rumian en las sabanas africanas, más las vacas sagradas que vagabundean por la India expeliendo sus venerables gases… El pronóstico huele mal: para mediados de siglo el planeta podría haberse convertido en un monstruoso invernadero pestilente y atronador.
Con razón, el Presidente Obama anunció en marzo pasado un programa para controlar urgentemente esta fétida amenaza. Pero, ¿cómo lo hará?, se pregunta uno. Volvernos todos vegetarianos sería un remedio peor que la enfermedad. Sólo hay que imaginarse a los 15.000 millones de seres humanos, que seremos por entonces, rumiando garbanzos y coliflores y luego… No. Es mejor ni siquiera imaginarlo. En ese humillante Apocalipsis el planeta acabaría como en el poema de T. S. Eliot: “This is the way the world ends/ Not with a bang but a whimper”. Sólo que sería mucho peor: todo acabaría no con un estampido, ni un quejido siquiera, sino con un pedo.
Y hablando de poemas… Los espíritus finos –que sin embargo hayan leído hasta aquí– se preguntarán acaso por qué el autor escribe de este tema malsonante, en lugar de recitarnos versos o hablarnos de “metafísica cubierta de amapolas”. Respondo: porque escribir tanto de lo alto como de lo bajo es una gran libertad de la literatura, que compensa su escaso poder. Y además también pueden hacerse poemas sobre el asunto, como aquel magistral soneto de Quevedo: “La voz del ojo, que llamamos pedo/ (ruiseñor de los putos), detenida,/ da muerte a la salud más presumida/ […] Mas pronunciada con el labio acedo/
y con pujo sonoro despedida,/
con pullas y con risa da la vida,/
y con puf y con asco, siendo quedo.”
De acuerdo, de acuerdo… Don Francisco de Quevedo cuando se pasaba, se pasaba diez pueblos, como dicen en España. Pero ¿no es genial eso de que la ventosidad “detenida, da muerte a la salud más presumida”? Hasta podría emplearse en una campaña de salubridad pública. Ahora que los gobiernos quieren quitarnos incluso la sal de la mesa, no estaría mal que nos compensaran con otras políticas más permisivas. Por ejemplo, junto a esos tétricos avisos reiterándonos que “fumar mata”, podrían instalarse otros que dijeran: “y guardarse los pedos también”.
Lo anterior no es del todo una exageración. Algo similar le ocurrió al gran astrónomo danés, Tycho Brahe. En octubre de 1601, durante un banquete ofrecido en Praga por un consejero del emperador Rodolfo II, Tycho sintió ganas de mear. Pero se aguantó porque le pareció descortés levantarse de la mesa. Plato tras plato, brindis tras brindis, hora tras hora, Tycho se aguantó… Hasta que se le reventó la vejiga y murió unos días más tarde. Antes tuvo tiempo para soplarle a su asistente –nada menos que Johannes Kepler– su epitafio: “Vivió como un sabio y murió como un tonto”.
Dios me libre de deducir que también son unos tontos quienes se aguantan los pedos durante las cenas. Sin embargo, Luis Buñuel fue incluso más radical. En su película El fantasma de la libertad la gente se esconde en los retretes para comer y se reúne en torno a una mesa para cagar (y conversar sobre la contaminación del mundo). Con perfecta urbanidad hacen en público lo que se nos ha enseñado a esconder y esconden lo que hemos aprendido a exhibir. Absurdo, si lo tomamos literalmente. Astuto, si lo entendemos como una crítica a nuestra educación represiva y contaminadora de lo natural.
Si es arriesgado aguantarse las ganas fisiológicas, también es ridículo reprimir los vocablos que las designan, velándolos detrás de eufemismos fruncidos. Cuando niño tenía prohibido decir pedo (o “peo”, como lo pronunciamos en Chile) delante de mis mayores. Debía llamarlo “pun”. Yo me negaba a esa ridiculez. Además intuía que era absurdo: la palabra no es la cosa. La palabra pedo no huele. De puro rebelde busqué su definición en el diccionario y luego, cada vez que oía u olfateaba una posible transgresión, preguntaba: “¿alguien se tiró una ventosidad expelida por el ano?”

Nadie podía acusarme de decir la “mala palabra”. Pero me castigaban igual.
Quizás por eso ahora me desahogo. Si de pronto el mundo se termina, asfixiado por un diluvio de pedos, lo menos que podemos exigir es llamarlos por su nombre.

Juan Fernando Mellado Galaz
Ex Conscripto 1973
Escuela de Telecomunicaciones
Ingeniero en Administración de Empresas
Asesor Tributario Previsional
Presidente Nacional
Presidente Agrupación Santiago
Agrupación Nacional de Ex Soldados Conscriptos
del Servicio Militar Obligatorio (SMO) período 1973-1990
Email: agrupacion.exconscriptos.chile@gmail.com

UN HALLAZGO QUE VALE LA PENA


Hace unos días se le rindió homenaje a uno de los pioneros de la televisión chilena, esa que no concebía ni la idiotez, ni la mediocridad, ni la farándula. 

Manuel Calvelo, uno de los pioneros, hizo uso de la palabra y dijo cosas que merece la pena escuchar, leer, aprender y no olvidar. Un pajarito nos envió el texto, que ofrecemos a nuestros lectores con mucho, muuuuucho placer.
tevito
Discurso de Manuel Calvelo en homenaje a Máximo Gedda
En primer término quiero agradecer a su familia que me pidió que participara en esta ocasión para decir unas palabras. También quiero agradecer a Solari y a Carmen Gloria, por dejarme volver a un lugar en el que inicié mi vida productiva en Chile. El tema que nos convoca es un tema conocido para mi familia. Mi padre fusilado, mi madre encarcelada por más de ocho años, hacen que esta reunión no sea insólita. En general, más que leer me gusta decir, pero sentí que podía olvidar alguna cosa que pienso importa y, por eso, escribí este documento.
MAXIMO ANTONIO GEDDA ORTIZ. Algunos lo conocíamos por Máximo, otros por Toño. De Gedda tenía la firmeza, el rigor, la constancia. De Ortiz el cariño, la solidaridad, la fraternidad.
Pero casi siempre, cuando hablamos de otro hablamos de nosotros mismos, en este caso de Carmen y de mí. ¿Cómo lo conocimos? Cuando Jorge Navarrete me pregunta a fines de 1967 que haría yo para poner en marcha una televisión nacional chilena que, además de serlo, fuera universal, multicultural, integradora, que informara sin sesgos, que educara bien y no maleducara, que recreara sin caer en lo chabacano, mi respuesta fue inmediata: seleccionaría un grupo, mitad hombres y mitad mujeres, de diversos orígenes, desde la matemática a la medicina, de la danza a la sociología, del periodismo a la agronomía; que fueran firmes, pero no sectarios; solidarios, pero no estúpidos; cultos, pero no ratones de biblioteca; de mirada amplia, pero no dispersa; capaces de trabajar en equipo, pero no ser borregos, y le pediría a Manuel Calvelo que les enseñara a hacer televisión.
La respuesta de Jorge fue inmediata: hagámoslo así. Y Máximo fue uno de los participantes en el Curso de Formación de los Realizadores cuya función sería la producción de los programas que Televisión Nacional de Chile requería. Finalizado el curso integré a Máximo a un equipo conformado por Paulina Fernández, Iris Fuentes, Máximo Gedda, María de la Luz Savagnac y René Schneider, lamentablemente perdido no hace mucho tiempo. Este equipo fue encargado de producir un documental cultural, de los primeros producidos en el país, orientado por Guillermo Blanco. Intelectual, escritor, persona de la cultura chilena, que en 1985, saliendo de una librería me encontré con gran alegría y me dio su tarjeta. Decía simplemente: Guillermo Blanco, Civil.
Creo que sabía con suficientes razones que es más fácil militarizar a un civil que civilizar a un militar, con las excepciones que, representadas por Pratts y Schneider, confirman la regla.
Sabía también que los ejércitos latinoamericanos son, en palabras de un teniente coronel argentino, “perros que ladran a los de fuera y muerden a los de dentro”.
El programa que nos pidió don Guillermo se titulaba “Una vez un Hombre” y en él no se hacía biografía, sino que se hablaba de lo que había de trascendente en el sujeto. Y así, desde Pablo Neruda hasta Juan XXIII, desde Lenin a Gandhi, desde Violeta Parra hasta Pedro Lobos, desde el Padre Hurtado hasta.... vimos el mundo como lo veía el poeta a través de su poesía, el “aggionarmento” de la iglesia a partir del Concilio, la modernización de un país arcaico, la resistencia pasiva, el rescate de la cultura popular, un sacerdote comprometido con los trabajadores... hasta que un fin de año hicimos Una Vez un Niño, para el cual Víctor Jara, musicalizador del programa, compuso la música que acompañaba el poema de Miguel Hernández, uno de los mejores poetas de lengua castellana del siglo XX, El Niño Yuntero.
Trabajábamos en equipo, sin especializarnos, aunque rotábamos la dirección de cámaras por orden alfabético. Pero, además, Máximo hacía otras tareas y se prestó a una especializada: cuidaba a nuestro hijo Roberto cuando Carmen y yo queríamos salir de noche y fue bautizado como el Tío Mamo por su lengua en proceso de aprendizaje. A veces en compañía de María de la Luz. Y un día, con avisos pero aún así repentino, nos llegó el vómito verde que se estaba volcando sobre Latinoamérica y que terminó plasmándose en el Plan Cóndor.
Y Máximo desapareció, sembrando dolor, pena, congoja, en todos los que lo querían, aún aquellos que no compartían sus ideas, y dejando a sus padres y hermanos con todas las dudas que significan “detenido-desaparecido” y privándonos de todos sus aportes: poesía, dibujo, música, textos, programas audiovisuales, y sobre todo presencia y fraternidad.
Todo desaparecido es un ejemplo de desinformación, de incomunicación, una carencia total de estar y hacer juntos, de “comunis fácere” y los medios masivos, mal llamados medios de comunicación social (¡como si pudiera haber una comunicación que no lo fuera! ya que cuando alguien comienza a hablar solo, requiere con urgencia tratamiento psiquiátrico), tendieron un manto de silencio o de mentiras e ignoraron a aquellos que no se plegaron servilmente, o a los que tuvieron que soportar para sobrevivir y a los que nada se puede reprochar.
Pero Máximo dejó muchas cosas y podemos imaginar que estaría haciendo hoy, a sus 66 años, si no hubiera sido asesinado por ese grupo de carniceros asquerosos que ejecutaron las políticas que les dictaron unos pocos desde fuera, y está documentado, y otros pocos desde dentro, y los conocemos a todos.
Estaría defendiendo a los pueblos originarios, en particular a los Mapuche, tan próximos a su tierra natal, para que se les devuelvan las tierras que legítimamente les pertenecen. Y a los colonos, que recibieron tierras sin saber que no eran de ellos, a aquellos que no corrieron lindes ni compraron notarios o jueces, para que se les indemnice por la estafa que sufrieron.
Así como apoyó al estado de Israel, estaría defendiendo el estado Palestino y protestando por la masacre sistemática de niños, so pretexto de defenderse de la agresión que Israel ha provocado.
Estaría defendiendo la equipotencialidad de hombres y mujeres y la igualdad de derechos con respeto por las diferencias, de sexo, tendencia sexual, color, raza, ideología, educación, ya que para él la diversidad era parte del patrimonio de la humanidad.
Estaría luchando para que las Universidades del Estado fueran financiadas por éste, con los impuestos de todos los chilenos, en lugar de facilitar ya no la ganancia legítima, sino el lucro y la usura, con gigantescas sumas de dinero que, en muchos casos se van al exterior.
Estaría combatiendo los fundamentalismos de toda laya, para facilitar la convivencia y el desarrollo de vínculos fraternos entre todos los seres humanos. Estaría apoyando a los dirigentes estudiantiles que, a despecho de su inexperiencia, son los que están poniendo en la mesa de diálogo los temas más candentes que enfrenta Chile.
Estaría demandando que esta llamada Constitución, realmente prostitución, fuera modificada para dar cabida a los derechos que han sido conculcados.
Estaría exigiendo, tal como se hizo en su época sin un solo voto en contra, que se nacionalice el cobre, para así tener los recursos que exigen la educación, la salud y la cultura de todos los chilenos.
Si estuviera trabajando en Televisión Nacional de Chile exigiría que su presupuesto viniera del Estado, ya que, de todas formas, son los chilenos los que la financian a través de los costos de la publicidad que son cargados a los productos.
Trabajaría para tener una televisión que sirva a los chilenos, que les hable de sus realidades, que emita El Diario de Agustín en horario preferencial, que destierre las tetas pornográficas y ponga en su lugar los senos que crían nuestros hijos, que deje de pagar sueldos insultantes y convoque a realizadores comprometidos con su sociedad más que con su salario.
Estas y muchas otras acciones, posiblemente calificadas de levantiscas, serían las que Máximo estaría realizando para sustraer el país de las manos de quienes de adueñaron de él a punta de bayonetas y de desaparecidos.
Y este libro, que es una parte de él, construido con el esfuerzo de sus hermanos, Carmen, Francisco, Manuel y Juan Carlos, es una forma de decirnos a nosotros que si nos informamos e informamos a otros, si nos comunicamos y el tema de nuestra comunicaciones Máximo, Máximo dejará de ser un “desaparecido” y seguirá viviendo con nosotros.

Juan Fernando Mellado Galaz
Ex Conscripto 1973
Escuela de Telecomunicaciones
Ingeniero en Administración de Empresas
Asesor Tributario Previsional
Presidente Nacional
Presidente Agrupación Santiago
Agrupación Nacional de Ex Soldados Conscriptos
del Servicio Militar Obligatorio (SMO) período 1973-1990
Email: agrupacion.exconscriptos.chile@gmail.com